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Abogados del diablo - Julián Axat
Descripción
¿Qué tienen en común un jesuita que encaneció de horror ante la Inquisición, una abogada tunecina que convirtió un juicio en manifiesto feminista, y un fiscal que necesitó a Dante para nombrar el horror que el derecho positivo no alcanzaba a describir?
En Abogados del Diablo, Julián Axat recorre una galería de figuras que habitaron la frontera entre la ley y la palabra: juristas que escribían poemas en secreto, poetas que firmaban sentencias, defensores de lo indefendible que sostuvieron —incluso con el cuerpo— que el derecho a la defensa no tiene excepciones. Desde Friedrich Von Spee, que publicó anónimamente su denuncia de la tortura inquisitorial en 1631, hasta Judy Clarke, que hoy humaniza terroristas para salvarlos de la pena de muerte; desde Raphael Lemkin, que inventó una palabra para nombrar lo innombrable, hasta el juez sonetista que firmaba sentencias en verso, este libro traza una historia secreta de la justicia, escrita en los márgenes como si fuera un alegato imposible.
Axat no escribe desde afuera. Es abogado y poeta. Esa condición le permite ver que toda defensa es una operación semántica, que toda sentencia es literatura, y que la figura del advocatus diaboli —ese que señala las fisuras en el relato oficial— es, en el fondo, la figura más honesta que el derecho ha producido jamás.
Una obra inclasificable que cruza el ensayo jurídico, la biografía y la reflexión poética para retomar la idea de que justicia y belleza son, en el fondo, parte de la misma aspiración.
En Abogados del Diablo, Julián Axat recorre una galería de figuras que habitaron la frontera entre la ley y la palabra: juristas que escribían poemas en secreto, poetas que firmaban sentencias, defensores de lo indefendible que sostuvieron —incluso con el cuerpo— que el derecho a la defensa no tiene excepciones. Desde Friedrich Von Spee, que publicó anónimamente su denuncia de la tortura inquisitorial en 1631, hasta Judy Clarke, que hoy humaniza terroristas para salvarlos de la pena de muerte; desde Raphael Lemkin, que inventó una palabra para nombrar lo innombrable, hasta el juez sonetista que firmaba sentencias en verso, este libro traza una historia secreta de la justicia, escrita en los márgenes como si fuera un alegato imposible.
Axat no escribe desde afuera. Es abogado y poeta. Esa condición le permite ver que toda defensa es una operación semántica, que toda sentencia es literatura, y que la figura del advocatus diaboli —ese que señala las fisuras en el relato oficial— es, en el fondo, la figura más honesta que el derecho ha producido jamás.
Una obra inclasificable que cruza el ensayo jurídico, la biografía y la reflexión poética para retomar la idea de que justicia y belleza son, en el fondo, parte de la misma aspiración.